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Soneto

A la excelentísima señora condesa de Paredes, marquesa de la Laguna, enviándole estos papeles que su excelencia la pidió y pudo recoger soror Juana de muchas manos en que estaban, no menos divididos que escondidos como tesoro, con otros que no cupo en el tiempo buscarlos ni copiarlos

Sor Juana Inés de la Cruz

en Inundación Castálida, 1689.

El hijo que la esclava ha concebido,

dice el Derecho que le pertenece

al legítimo dueño que obedece

la esclava madre, de quien es nacido.


El que retorna el campo agradecido,

opimo fruto, que obediente ofrece,

es del señor, pues si fecundo crece,

se lo debe al cultivo recibido.


Así, Lisi divina, estos borrones

que hijos del alma son, partos del pecho,

será razón que a ti te restituya;


y no lo impidan sus imperfecciones,

pues vienen a ser tuyos de derecho

los conceptos de un alma que es tan tuya.


Ama y señora mía, besa los pies de vuestra excelencia,

su criada,

Juana Inés de la Cruz

Notas

Menciona Jorge Gutiérrez Reyna en La Inundación Castálida de sor Juana Inés de la Cruz. Historia de un best seller:

No debió ser fácil escribir el soneto-dedicatoria que estampó en la primera de sus páginas, el único poema compuesto expresamente para el volumen: estaba consciente de que la destinataria, su amiga y mecenas, se marcharía para siempre. "El hijo que la esclava ha concebido" —afirma la poeta— no pertenece a la madre, sino a su "legítimo dueño"; el "opimo fruto" no pertenece al campo que lo ofrece, sino al "señor" de la tierra, que la cultiva. Del mismo modo, los poemas contenidos en la Inundación Castálida que son "partos del pecho", no pertenecen a su autora, a sor Juana, sino a María Luisa, "Lisi divina", quien es dueña absoluta de su alma.
Luego de 8 años de estancia en la Ciudad de México, el 28 de abril de 1688, los condes de Paredes, marqueses de la Laguna, parten de regreso a su tierra natal. Antonio de Robles preservó la escena en su Diario: "salió para España el marqués de la Laguna, y mucho número de carrozas lo fueron a dejar hasta Guadalupe, con muchas lágrimas de la señora virreina, a las tres de la tarde" (1972, II, p.158). María Luisa, que no paraba de llorar, llevaba bajo el brazo un cuaderno repleto de versos que habría de convertirse en la Inundación Castálida; sor Juana a esa hora estaría sentada entre las cuatro paredes de una celda colmada de tristeza. No volverían a verse nunca más.


En referencia a la edición de Alfonso Méndez Plancarte de 1951, Antonio Alatorre muy acertadamente escribe en su propia edición:

El hecho de que este soneto esté aquí, con el número 195, me parece deplorable. Debería ponerse como lo puso Francisco de las Heras: en la página 1, y con la página 2 en blanco, para darle mayor relieve. No es "un soneto de tantos": la gratitud y la emoción con que sor Juana lo escribió son casi palpables.

Además anota:

v. 1-4 cf. la núm XII de las Letras de San Bernardo: "Bienes que adquiere el esclavo, / como refiere el Derecho, / aunque es él el que trabaja, / pertenecen a su dueño"; y también el dístico de "Theogonis" citado en el Neptuno Alegórico, líneas 301-302: "Non etenim e squilla rosa nascitur, aut hyacinthus, / Sed neque ab ancilla filius ingenuus" (Pues ni de la rosa ni del jacinto nace la escila, ni de una esclava nace un hijo con cualidades de hombre libre).

v. 3 que obedece: 'a quien obedece'.

v. 5 el que: 'el fruto que'.