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Liras,

que expresan sentimientos de ausente

Sor Juana Inés de la Cruz

(II, 1692, 284; 1725, 192).

Edición y notas de Alfonso Méndez Plancarte


Amado dueño mío,

escucha un rato mis cansadas quejas,

pues del viento las fío,

que breve las conduzca a tus orejas,

si no se desvanece el triste acento

como mis esperanzas en el tiempo.


Óyeme con los ojos,

ya que están tan distantes los oídos,

y de ausentes enojos

en ecos, de mi pluma mis gemidos;

y ya que a ti no llega mi voz ruda,

óyeme sordo, pues me quejo muda.


Si del campo te agradas,

goza de sus frescuras venturosas,

sin que aquestas cansadas

lágrimas te detengan, enfadosas;

que en él verás, si atento te entretienes,

ejemplos de mis males y mis bienes.


Si al arroyo parlero

ves, galán de las flores en el prado,

que, amante y lisonjero,

a cuantas mira intima su cuidado

en su corriente mi dolor te avisa

que a costa de mi llanto tiene risa.


Si ves que triste llora

su esperanza marchita, en ramo verde,

tórtola gemidora,

en él y en ella mi dolor te acuerde,

que imitan, con verdor y con lamento,

él mi esperanza y ella mi tormento.


Si la flor delicada,

si la peña, que altiva no consiente

del tiempo ser hollada

ambas me imitan, aunque variamente,

ya con fragilidad, ya con dureza,

mi dicha aquélla y ésta mi firmeza.


Si ves el ciervo herido

que baja por el monte, acelerado,

buscando, dolorido,

alivio al mal en un arroyo helado,

y sediento al cristal se precipita,

no en el alivio, en el dolor me imita.


Si la liebre encogida

huye medrosa de los galgos fieros,

y por salvar la vida,

no deja estampa de los pies ligeros,

tal mi esperanza, en dudas y recelos,

se ve acosada de villanos celos.


Si ves el cielo claro,

tal es la sencillez del alma mía;

y si, de luz avaro,

de tinieblas se emboza el claro día,

es con su obscuridad y su inclemencia,

imagen de mi vida en esta ausencia.


Así que, Fabio amado,

saber puedes mis males sin costarte

la noticia cuidado,

pues puedes de los campos informarte;

y pues yo a todo mi dolor ajusto,

saber mi pena sin dejar tu gusto.


Mas ¿cuándo, ¡ay gloria mía!,

mereceré gozar tu luz serena?

¿Cuándo llegará el día

que pongas dulce fin a tanta pena?

¿Cuándo veré tus ojos, dulce encanto,

y de los míos quitarás el llanto?

¿Cuándo tu voz sonora

herirá mis oídos, delicada,

y el alma que te adora

de inundación de gozos anegada,

a recibirte con amante prisa

saldrá a los ojos desatada en risa?


¿Cuándo tu luz hermosa

revestirá de gloria mis sentidos?

¿Y cuándo yo, dichosa,

mis suspiros daré por bien perdidos,

teniendo en poco el precio de mi llanto,

que tanto ha de penar quien goza tanto?

¿Cuándo de tu apacible

rostro alegre veré el semblante afable,

y aquel bien indecible

a toda humana pluma inexplicable,

que mal se ceñirá a lo definido

lo que no cabe en todo lo sentido?


Vén, pues, mi prenda amada:

que ya fallece mi cansada vida

de esta ausencia pesada;

vén, pues: que mientras tarda tu venida,

aunque me cueste su verdor enojos,

regaré mi esperanza con mis ojos.


Notas

v. 1 Cfr. Ruíz de Alarcón ("La Prueba de las Promesas", I, en Poet. Novs. I, 149): "Hermoso dueño mío, / por quien sin fruto lloro"...; y aquí, núm. 81: "Divino dueño mío"...

v. 4 Preferimos conduzca (ya en 1693 ó 1725), al arcaico conduzga de otros textos. —Cfr. Garcilaso: "Tu dulce habla, en cúya oreja suena?"... (Egl. I. v. 127); y Herrera, en sus "Anotaciones", rechazando su inculpación de prosaísmo: "Pues ¿qué barbaría se ha introducido en los ánimos de los nuestros, que huyen, como si fuese sacrilegio inexpiable, el uso de esta dicción?... Tiranía es intolerable la que nos obliga a... desterrar los vocablos propios...: solicitud demasiadamente curiosa y afectada, y que procede antes de ignorancia que del conocimiento de la fuerza y hermosura de nuestra habla"... En todo caso, aún place esta voz al fino Anónimo Sevillano ("halagar lisonjero las orejas / de algún príncipe insigne"...), o a Góngora (Polif., oct., 48). Y cfr. lo anot. al núm. 213, v. 53.

v. 7Óyeme con los ojos...: cfr. Lope:

Marino gran pintor de los oídos,
y Rubens, gran poeta de los ojos...;
y Quevedo, Musa II, son.:
Retirado en la paz de estos desiertos
con pocos, pero doctos, libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos,
y escucho con mis ojos a los muertos...;
y Rodrigo Caro, "Canción a las Ruinas de Itálica", estr. 2a de sus dos primeras versiones (1595 y 1604), en su "Memorial de Utrera":
Mas si para entender estos despojos
los oídos del alma son los ojos,
aunque confusos miren lo presente,
mil voces de dolor el alma siente...

v. 18 ejemplos mis males y mis bienes... cfr. Góng. Polif., oct. 49: "...que iguales / en número a mis bienes son mis males"...

v. 24 El arroyo con risa... A principios de nuestro XVIII, Fr. Juan de la Anunsiación dirá (Poets. Novs. III, 216):

Por divertir los pesares / del amante Girasol,
bullicioso el Arroyuelo / le cantaba esta canción:
—¿Quién como yo, quién como yo,
sabe burlarse y reírse de Amor?...

v. 31-2 Elipsis: "Si (ves) la flor, si (miras) la peña"...

v. 27 y 37 De la tórtola gemidora y el ciervo herido, cfr. en Francisco de la Torre las canciones "Tórtola solitaria"... y "Doliente cierva"...

v. 46 Cfr. el rom. "Famosos son"..., de Góng.:

Sobre una yegua morcilla / tan extrema en el correr,
que no logran las arenas / las estampas de sus pies...

v. 55 Fabio amado... Este Fabio (y el de los núms. 212, v. 2, y 213, v. 55) —de suponer autobiográficas estas y aquellas piezas— sería el mismo de los núms 5, 75, 76, 81, 166, 169, etc. Claro, de todos modos, que aun en tal hipótesis habría la ficción del marido muerto, en los títulos de los núms. 213 y 78.

v. 61 y 88 Ésta y las dos estrofas siguientes (lo mismo que las liras 4-5 y 7 del núm. 212) —maravillosas de ternura y de limpidez—, son de lo más precioso de Sor Juana: alcanzan —o superan— a lo más inefable de Garcilaso y —aunque en amor humano— a lo más fino y puro de San Juan de la Cruz...